Me recuerdo de ocho años recostada en el sofá de la habitación de mis padres, practicando mi lectura con las revistas Cosmopólitan que mamá apilaba sobre una sillita dentro del baño. Mi sección favorita era Amor, deseo, pasión. O algo así se llamaba.
Ahí relataban maravillosos artículos como: 'El sultán nos revela las técnicas aprendidas en su harem', '8 tips para hacer explotar de placer a tu hombre con la lengua', 'Te presentamos el kamasutra Hindú', entre otros. Y todos y cada uno de ellos relataba con lujo de detalles el acto sexual y lo delicioso e imprescindible del mismo en la vida de cualquier persona.
Por lo tanto, parte de mi auto crianza fue el tatuarme en la frente:
EL BUEN SEXO ES INDISPENSABLE.
¿Y cómo podría yo saber si el sexo que tendría con mi futuro marido iba a ser bueno, si esperaba a mi noche de bodas a descubrirlo?, ¿pero cuál boda, si no quiero una? Total, que eso era lo que pensaba.
Me hacía sentir incómoda ver lo aprensivos que eran mis padres con mi hermana mayor. No podía siquiera charlar con hombres, ni salir a pasear con amigas, ni nada. Ella terminó casándose con quien le prometió sacarla de mi hogar, y años después ha pasado por tres maridos distintos. No es que esto último sea malo, sino que creo fielmente que, quizá si mis padres no hubiesen sido tan cerrados y machistas con ella, mi hermana habría sabido que no tenía que casarse con el primero y que no era su obligación soportar infidelidades ni conformarse con lo que fuese.
Pero vaya, que ese no era el tema de esto...
Lo que quiero decir es que, a pesar de tener esas ideas claras desde chica, el pasar del tiempo y mi alrededor me hacen sentir con prisa. Mis conocidas comenzaron a embarazarse y casarse desde la secundaria. Hoy tengo 25 años y la mayoría de ellas son madres de al menos una criatura. Y mis compañeros empezaron a esa misma edad a embarazar chicas. Porque ninguno se casó sino hasta después de tener 18 años.
A mí me daba risa todo esto. Pensaba: ¿estas chicas no ven más allá de parir y calentarle tortillas a su viejo después de que éste llega todo cansado de la maquiladora?
Secretamente me sentía algo superior, qué tontería de mi parte. Como si yo valiese más por lo que decidí para mi vida... En fin.
El caso es que ahora tengo 25 años y hasta ayer no me sentía presionada. Anoche me invadió en sueños un pensamiento terrible: Si no tienes hijos pronto, ya no vas a poder. ¿Cuántos años más vas a esperar para casarte?, ¿y la casa pa cuándo la compras? ¡Pero si no tengo trabajo, todavía estoy estudian...! ¡Pero el tiempo se pasa, niña!, ¿de verdad vas a poner tus estudios antes que ser madre? Llevas mucho tiempo tomando anticonceptivos, y tu tía Yaya quedó estéril por tomar esas cosas...
Ya no pude dormir. Desde ese momento traigo una tensión en los hombros y espalda que nomás no se va. ¿Pero por qué me estoy preocupando, si yo decidí no casarme ni procrear siendo joven?, ¿será que las llamadas de mi madre para cuestionar cuándo le voy a dar nietos, me están afectando? O quizá es ver a las mujeres a mi alrededor casándose, teniendo hijos y viviendo una realidad de ensueño.
No sé, pero me pesa.
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